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                                                                                                                                                     calidad  que  deja  huella

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TRAVESÍA  EN EL CERRO CHAMPAQUÍ (*)

( por Alfredo Córdoba - octubre 2005 )

 

El viernes 7 de octubre partimos, a las 7,20 hs., desde casa, Cary y yo en el Trotamundos, rumbo a la estación de servicio del Km.77 de la ruta 8 (Parada Robles), a reunirnos con Fito y Florencio, que viajarían con nosotros en Tarkus (el Mahindra de Fito). El día amaneció despejado y templado, augurando un lindo viaje y algo de calor. En la estación de servicio ya estaban los compañeros de viaje esperándonos, con el Jeep listo, así que nos saludamos y partimos por la ruta 8, con rumbo a La Cruz, nuestra primera parada.

Más tarde, a eso de las 14 hs. partirían también Alejandra y Gerlando en su Jeep R.P. y Luis Botta acompañando a Rubén en el Jeepiño de propiedad de éste último (un precioso Jeep Ford fabricado en Brasil). Por su parte también viajarían Pepe Ferreiro con su perro navegante Ra, Néstor en su Willys Ford, Alejandro Schilling en su IKA Ford, Ariel en su Willys Chevrolet, Alberto (el padre de Ariel) en su Willys Ford (padre e hijo compiten hasta en escudería) y un matrimonio en su Toyota Hilux (lamentablemente no recuerdo sus nombres). Guido había partido en avión y se reuniría posteriormente con nosotros.

Cuando empezamos a preparar la travesía del Champaquí, le escribí a Luis Pérez, un tipazo que tengo la suerte de que sea mi amigo gracias a Pepe Ferreiro (otro tipazo amigo) que un día me llevó a conocer las sierras y paramos en lo de Luis. Luis vive en un precioso campito en las afueras del pueblo de La Cruz, a 15 km. de Embalse de Río Tercero. Luis me respondió que se prendía en la travesía, y que si íbamos a subir por Tres Árboles (puesto que se encuentra en el camino que sube desde Yacanto de Calamuchita al cerro Linderos) nos convenía parar a dormir el viernes en La Cruz.

Los que fuimos alguna vez de travesía al Cerro Áspero y paramos en La Cruz a descansar del viaje previo a la travesía, sabemos que no se trata de llegar, saludar y acostarse. Luis se esmera, y no falta un asado, cordero, o algo bueno que se prepare al fuego mientras charlamos y escuchamos sus anécdotas y chistes, y las botellas se van vaciando (recuerdo cuando, hace ya unos dos años, llegué con Pepe la primera vez a lo de Luis y él nos esperaba con un disco y un gran sartén, ambos sobre las llamas de espinillo con grasa hirviend y los pejerreyes y las papas esperando el baño).

Pues bien, quedamos con Luis en que parábamos en La Cruz. Días después Luis me escribe contándome que su esposa le había hecho acordar que el sábado 8 tenían el casamiento del hijo de unos amigos en Córdoba y se habían comprometido a ir, así que él no podía acompañarnos. Sumado a eso, empezamos a dudar de las posibilidades de terminar la travesía en dos días para emprender el regreso, y varios de los viajeros tenían que estar hoy martes en Bs. As. sin falta, así que decidimos parar en Yacanto para estar más cerca de  Tres Árboles y no perder tiempo. Y le informé esto a Luis, por email. Pero resulta que un rayo durante una tormenta le había roto a Luis su computadora y no recibió mi email. Y el miércoles 5 por la noche me llama por teléfono a casa para preguntarme cuántos íbamos a La Cruz, para esperarnos con un lechón (se moría por estrenar su horno chileno a leña, que lo tiene como perro con dos colas).

Cuando le conté que no íbamos a La Cruz, pero que si terminábamos la travesía el domingo intentaríamos pasar a saludarlo y parar en La Cruz para estar un rato con él, noté en su voz la desilusión y un cacho de tristeza, y me quedé mal. Así que, previo intercambio de opiniones, decidimos pasar por La Cruz los que partíamos el viernes a la mañana (Fito y Florencio en el
Tarkus y Cary y yo en el Trotamundos).

Cuando llegamos a Venado Tuerto llamé a Luis por teléfono, para preguntarle si iba a estar en su casa por la tarde y avisarle que pasaríamos a saludarlo, tomaríamos un par de mates y seguiríamos rumbo a Yacanto a encontrarnos con los demás viajeros. Llegamos poco después de las 18 hs. y las primeras palabras de Luis fueron:
- No sabés el ac cidente que hemos tenido aquí hace un rato.
-¿Qué pasó? (Alfredo preocupado).
- Mirá, se nos mató el cordero (señalando hacia el bicho carneado, colgando
de un árbol).
Después explicó un poco más el accidente. El cordero se había chocado contra
un cuchillo.

Resulta que el Luis, apenas colgó el teléfono después de hablar conmigo, mató un cordero, lo carneó y se puso a preparar la cena. Y cuando llegamos, pues, ¿qué podíamos hacer, sino quedarnos a acompañarlo en el velorio del cordero accidentado?

Cary estrenó el lujo de horno ese, que lleva una puerta de chapa gruesa (con relojito de temperatura y todo), con el piso de chapa también, y debajo un compartimiento en el que va la leña en llama. Arriba lleva tiraje como chimenea, con regulación. Se puso medio cordero y una fuente con papas, zanahorias, cebollas y pimientos. Cuando estábamos en los preparativos para la cena llamó Pepe, que andaba por Hernando y tenía un rato todavía para llegar a Embalse (Luis le había dicho que le avisara un rato antes de llegar a Embalse para juntarse a cenar ahí) y Luis le informó las novedades. Una hora y pico después, llegaba también Pepe y el cordero estaba listo.

Fue una cena espectacular. El cordero estaba exquisito y las verduras también. No tengo idea de a qué hora salimos de La Cruz para Yacanto, creo que nos acostamos como a las 3 A.M. y teníamos que levantarnos a las 6,30. Pero con qué gusto!!!!!!

Luis nos dijo que estaba muy contento. Que cuando supo que no podía ir a la travesía se había amargado mucho y cuando le dije que no íbamos, más: -No me podía tragar ese sapo, decía. Ahora estoy contento porque pude estar con Uds.

Pero parece que no le alcanzó con eso, porque se fue al casamiento en su "chatita", una F100 de 1960 y pico, con doble tracción y motor Toyota diesel, y al otro día nos encontramos con él en el puesto de don Marcos Domínguez. Un tipazo el Luis.

Y a eso de las 0 hs. del sábado, o más tarde quizás, lo dejamos tranquilo al Luis y partimos rumbo a Yacanto de Calamuchita, a dormir un par de horas. El camino desde La Cruz a Yacanto es trabadito, todo lleno de curvas, subidas y bajadas. Pasa por Embalse de Río Tercero, Villa del Dique, Villa Rumipal y Santa Rosa de Calamuchita, donde paramos a repostar combustibles. De ahí son unos cuantos km., y encontrar el Hostal Portal del Cerro nos costó un par de vueltas al pueblo. Finalmente llegamos, calculo una hora y media después de la partida. Cinco sucios yiperos a dormir en dos nidos de hornero comunicados, con un solo baño (perdón, medio baño). Nos llevó más de una hora ducharnos, y a las 6,30 nos llaman a desayunar.

No les fue tan bien como a nosotros a Alejandra, Gerlando, Rubén y Luis Botta, que salieron como a las 14, tuvieron que parar a 80 km. de Bs. As. a cambiar un rodamiento de rueda del Jeepiño y después viajaron con alguna falla de encendido hasta Yacanto, donde arribaron bastante más tarde que nosotros, para levantarse a la misma hora.

Después de desayunar y alistar los yips (el Trotamundos usa los cubos para viajar, pero como no acoplan bien, para las travesías le pongo tapas fijas, y además había que darle un poco más de regulación al embrague) partimos rumbo al puesto de Tres Árboles, a unos 2300 msnm, en el camino que va de Yacanto al cerro Linderos. Pero a poco de andar se lo escucha por la radio al Lagarto Gerlando, preguntando dónde íbamos a cargar combustible.... Como yo había dado demasiado registro al embrague, nos quedamos los Indios y los Trotamundos corrigiendo ese error mientras Pepe guiaba a los otros dos Jeep a cargar combustible a la estación de servicio del pueblo.

Llegados a Tres Árboles, encontramos un par de Willys y una Toyota Hilux esperándonos. Después llegó Ale Schilling (el Tumbao, como le quedó después de volcar en la travesía del año pasado al Áspero) con su precioso IKA verde, y atrás Pepe con los nafteros a la zaga. Los cordobeses habían empezado la travesía hacía cosa de una hora.

Ni bien arrancamos, escuchamos por la radio que una Toyota se estaba volviendo, y había que esperar que pasara, porque más adelante no había lugar para dos vehículos. Esto nos retrasó cosa de media hora. Cuando pasó la Toyota reiniciamos, y unos 10 minutos más adelante nos encontramos con un lindo espectáculo. Había un cruce de piedras medio complicadito de entrada, seguido inmediatamente de cruce de río (fácil) y de plato principal una trepada muy escarpada con curva cerrada a la izquierda, mucho barro en medio de la curva en ascenso, e inmediatamente curva cerrada a la derecha, para terminar arriba del cerro. La Toyota no subió. No hubo forma. Tenía cubiertas AT bastante civilizadas y no hubo forma de que trepara por el barro resbaladizo. Se iba para abajo, pero a un escalón que si llegaba a caer, no iba a quedar muy linda. Finalmente, luego de un rato de penar, bajó Pepe con su yip y a costa de partir uno de los elásticos delanteros (que no son paquetes de elásticos sino una sola hoja) se arrimó lo suficiente para subirla con el malacate.

De a uno fuimos subiendo los restantes. Yo tuve algunos inconvenientes de burro de conducción allá abajo. Primero metí una rueda trasera en una ciénaga, por la cual, por supuesto, nadie había pasado. Tres metros más adelante tuve dificultades para pasar las piedras. Pero a partir del comienzo de la trepada y hasta el final de la travesía, no volví a tener problemas.

Una vez arriba todos, esperamos que Pepe y sus ayudantes acomodaran el elástico partido (ardua tarea) y a seguir. Los Cóndores (la banda de los cordobeses) seguían adelantándose.

También el sábado era un día radiante, muy soleado y solo una tenue brisita nos aliviaría el calor. Mientras nos daba el sol, nos teníamos que desabrigar. Pero al pasar por la sombra estaba bien fresco.

El paisaje era precioso. Muchos cerros de grandes rocas y algunas pampitas con pastos duros y altos de color amarillento. Más adelante fueron apareciendo los tabaquillos, unos arbustos muy lindos, típicos de las sierras. Cada tanto algún arroyo de aguas mansas y bien cristalinas y frías. Árboles, allá arriba, no hay ni uno.

Partimos, anduvimos un buen rato superando obstáculos cada vez más difíciles, hasta que el elástico roto del yip de Pepe se desacomodó y esto provocó la rotura de la barra de dirección y algún extremo. Las cosas se veían complicadas. La barra fue soldada, el extremo reemplazado y el elástico acomodado. Se sacó el amortiguador del lado averiado, para que no se rompiera al golpear, y se ató la cañonera al paragolpes con una cadena gruesa, para que no se desplazara hacia atrás. Pero no se podía empatillar la hoja de elásticos, porque el sistema de sujeción a la cañonera no lo permitía. Luego de breves deliberaciones, Pepe decidió continuar la travesía. Y así llegamos, después de incontables trepadas y bajadas y no
pocos sustos, a eso  de las cinco de la tarde, al campamento que habían improvisado los Cóndores. Al llegar al campamento nos encontramos con Horacio (Yodolape), Juan Hernández y toda la bandada de Cóndores, que en gran número habían organizado la travesía del festejo del décimo aniversario de su agrupación. Antes de armar las carpas, charlamos un rato con ellos y chusmeamos sus máquinas. Allí reparamos en que ninguno de nosotros tenía
nada qué comer. Por suerte Guido tenía aceitunas, algunos llevábamos agua, yo un calentador, mate pava y yerba y Cary una botella de excelente whisky escocés. Mientras armábamos campamento, compartimos mate, aceitunas y whisky. En cuanto refrescó lo suficiente, yo me fui a dormir.

Domingo:

Amanecía. Eran algo más de las 6,30 hs, cuando escuchamos los ruidos y voces de los más madrugadores. La mañana estaba bien fresca. En oriente el horizonte anaranjado anunciaba la inminente aparición del sol.

Un par de mates cebados por Alejandra mientras desarmábamos la carpa, desinflábamos los colchones y guardábamos todo. Y partimos. Primero el grupo de los que habíamos llegado de Buenos Aires. Más tarde nos seguirían los Cóndores.

A poco de andar paramos en una linda pampita (FOTO 1), pusimos todos los yips de trompa al este y les sacaron algunas fotos. Seguimos, embocamos como pudimos una tranquerita por la que al pasar sobraban escasos centímetros de cada lado, pero a la que había que enfrentar a 90° y maniobrar para quedar de frente, porque a unos 3 o 4 metros tenía a su frente unas rocas grandes. Al oeste se veían dos picos altos. Uno de ellos sería la máxima altura del cerro Champaquí, de algo así como 2.700 metros.

Más adelante, nuevamente piedras para trepar, piedras para bajar, un pequeño río que cruzar, más pampa. Pasamos frente a una escuelita (la Florentino Ameghino) y un par de albergues. Más adelante un puesto, otra trepada y el Jeepiño (ya andando a nafta) se empaca. El carburador vuelca la cuba en el múltiple al levantar la trompa, y el motor se ahoga. Demora un rato, pero al final logra salir. Seguimos atrás, Gerlando y Alejandra en el RP y Luis B y yo en el Trotamundos. Cuando termino de cruzar, me avisan del otro lado que el Jeepiño equivocó el camino. Hay que ir a buscarlo. Doy vuelta y asomo la trompa del Jeep al borde de una terracita, y lo vemos al Jeepiño arrimado a un corralito, supongo que tratando de conseguir algún pobre cordero o chivito, que tuvo la suerte de no estar en el corral (no me cabe duda de que de haber estado se lo comían vivo y crudo). Le tocamos bocina y vuelve a la fila.

Seguimos, pero no mucho. Llegamos a una bajada de esas de parar y esperar que pasen los de adelante uno a uno (cada una de esas bajadas y subidas complicadas nos insumía no menos de 15 minutos para pasar todos los integrantes del grupo, que estaba compuesto por: El Jeep de Pepe en cabeza; una Toyota; el Willys de Ariel; el Willys de Alberto (padre de Ariel) el Tarkus de Fito; el RP de Ale y Gerlando; el Jeepiño de Rubén; el Trotamundos; el Willys de Néstor y el IKA de Alejandro cerrando la marcha). A la izquierda, una gran roca impedía ver hacia dónde se seguía, y rato después de haber parado empezamos a dudar si se trataría de un obstáculo o de algún problema con un vehículo. Hasta que noto, a mi izquierda pero detrás de nuest ra posición y arriba, un movimiento y al girar la cabeza veo al Tarkus trepando, girando a la derecha y desapareciendo hacia abajo. Delante mío, los Jeeps de Gerlando y Rubén. Lo veo a Gerlando caminando hacia su Jeep, los ojos cerrados con fuerza y sacudiendo la cabeza con la cara hacia el piso. Baja, gira a la izquierda y emprende la trepada (ahora ya puedo ver la trepada, porque nos hemos adelantado cuando Gerlando bajó). Esa trepada es tremenda. No solo está empinadísima y es alta (piedra pelada), sino que también es despareja y con grietas en medio. Intenta subir, pero en la mitad el Jeep se cruza hacia la izquierda y poco falta para el vuelco. Se arriman Nestor, Cary y alguien más y lo sostienen, mientras, marcha atrás, Gerlando maniobra para acomodarlo. Finalmente consigue apuntar nuevamente la trompa hacia arriba, acelera y allá va. Llega arriba.

Le toca el turno al Jeepiño. Rubén está cansadísimo. La dirección está durísima con las gomas con poca presión, y ha tenido que pelear con los problemas del carburador y con los tanques de GNC golpeando en cada piedra que no puede esquivar. Ya han desaparecido los estribos de los costados y el paragolpes trasero ha perdido su forma original. Rubén le pide a Cary que maneje él. El Jeepiño sube como si se tratara de una simple lomita, como paseando.

Ahora nos toca a nosotros. A medida que nos acercamos aparecen las dudas: ¿Dónde pisar? ¿Dejo la grieta al medio? Parece estar mejor por la izquierda, pero podemos volcar. Y ya no hay más tiempo, ya apoyamos la rueda delantera derecha en la piedra y hay que acelerar e ir corrigiendo, porque no vayan a creer que en las trepadas y bajadas el Jeep va para donde uno indica con el volante. No, cada piedra que se pisa con cada rueda va influyendo en la dirección que se lleva y el Jeep va como caminando, acomodándose paso a paso, los ejes en cruz. Y ya vamos para arriba, y hay que corregir hacia la derecha (la trompa se fue sola para la izquierda en un bamboleo) y la rueda trasera derecha entra en la grieta y la izquierda delantera se levanta y sigue levantándose, saludando a Guido y a los demás espectadores que miraban desde arriba. Pero por suerte baja al pisar nuevamente la rueda trasera, y ahora es la delantera derecha la que se levanta, y ahora ya estamos arriba. Llegamos.

Pero la trepada volvió a desacomodar la suspensión herida del Jeep de Pepe, y cuando bajamos encontramos al equipo de mecánicos en medio de los trabajos de reparación (FOTO 3). Esta vez se saca la rueda y se empatilla la hoja de elástico con una hoja que recibe en préstamo de uno de los Cóndores, que ya nos han alcanzado y siguen adelante mientras Pepe termina las reparaciones. Sueldan la hoja al soporte, sueldan un montón de cosas que no veo. Los que estorbaríamos más de lo que podríamos ayudar nos sentamos a mirar y a descansar un poco, arriesgando pronósticos respecto del tiempo faltante para llegar a la ruta. Terminan las reparaciones. Parece que ahora la cosa va a quedar mejor. Arrancamos.

Ya antes de pasar el puesto donde el Jeepiño se desnortó, se escuchaba en la radio la voz de Luis Pérez, que venía subiendo del otro lado, desde El Cóndor (ruta de las Altas Cumbres) para juntarse con nosotros en el puesto de don Marcos Domínguez. Ahora Luis nos avisa que ya está entrando al puesto. Dice que pasemos a saludar y a picar algo aunque estemos apurados, que es un ratito nomás, y que para adelante el camino está bárbaro. Que desde el Mal Paso hasta el puesto tardó 2 hs. y 20 minutos. Es mediodía y le hacemos caso. Rato después estamos entrando al puesto.

En el puesto estaban ya: Rodolfo Fabián con su Piolín, Luis Pérez con su chatita, Alberto Epstein y varios más. Guido se subió a un cerro contiguo con su cámara, para filmar el espectáculo de unos 40 vehículos de los cuales aproximadamente 5 no eran Jeep. El resto de nosotros se dedicó a tratar de conseguir algo de alimento y conversar mientras descansábamos un rato. Media hora después, saludábamos a los Cóndores, que estaban de gran asado (cordero, vaca, embutidos y demases) y pasarían esa noche en el puesto de don Marcos; y retomábamos nuestra marcha.

Los que pensamos que todo sería fácil en adelante, nos equivocamos. Poco después de reanudada la marcha, más piedras, y una vertiente en la que quedó empantanado el Jeepiño. Un tironcito del RP bastó para sacarlo. Poco más adelante, trepada de piedras escarpadas y muy grandes, y dos impacientes en moto que no podían esperar que los yips avanzaran hasta algún lugar que permitiera el sobrepaso. Uno de ellos pasa rayando la pintura del Jeepiño, se cae, enganch a la rueda delantera de la moto con la del Jeep, sigue acelerando, tironea, salta, parece que estuvo tragando pastillas este muchacho.... Lo que no se es cómo Rubén no abrió la puerta y le pateó el casco hasta hacerlo rodar con la cabeza adentro.

Se va el impaciente motoquero en pos de su compañero y seguimos nosotros penando por las piedras, golpeando rocas con los diferenciales, con los paragolpes (GG y Rubén), con los estribos y los tanques de GNC (Rubén). Piedras, piedras y más piedras. Para arriba, para abajo y para todos lados. En de las trepadas, al llegar arriba de la piedra me pregunto qué hay delante (eso pasa en todas, porque el capot te tapa la visión del piso unos cuantos metros delante). Como hay que ver dónde pisar para no golpear las bochas de diferenciales, barra de dirección, etc., freno y asomo la cabeza por la ventanilla. Y la huella no estaba. Había una roca grande. Entonces miro por la ventanilla de Luis, y ahí si estaba. Ni bien se cruza esa roca, hay que maniobrar y girar a más de 90° hacia la derecha. Menos mal que no había seguido. Después Cary me comentó en viaje de vuelta, que ellos se habían llevado la misma sorpresa.

Pues bien, ya es la tarde del domingo. Serán cerca de las 16 hs, cuando arribamos al Balcón. Un lugar increíble, un mirador natural desde donde podemos apreciar allá abajo, a un par de miles de metros de altura de diferencia, el espejo de agua del Dique La Viña y las poblaciones de Villa Dolores, Nono, Mina Clavero, etc. Desmontamos, sacamos fotos, miramos, charlamos un rato y seguimos. A poco de andar, un paso con piedras muy grandes, flojas, en subida. Fácil pero muy movido. Más adelante una curva en piso de tierra muy floja con subida, y poco después el Mal Paso. Una subida muy larga y en cornisa, muy empinada, pero han acomodado las piedras para que no sea peligroso. Son piedras grandes y la subida es incómoda. El Jeep va rebotando, pero va. Terminamos de subir, y listo. La Pampa de Achala, huella de tierra, alguna trepadita entre piedras blancas de cuarzo y llegamos al cruce con el camino que viene de la ruta de las Altas Cumbres y va a la escuelita Ceferino Namuncurá. Paramos, acomodamos las cosas, Ale Schilling tiene un inconveniente eléctrico que lo demora. El resto reinicia la marcha luego de un par de mates. Este camino ya es un camino de verdad.Ya sacamos la baja y la doble, y avanzamos en segunda y de a ratos en tercera marcha, en medio de un precioso paisaje. Ya son las 19 hs. y nos falta un rato largo para la ruta.

20 hs. del domingo. Llegamos a la ruta y torcemos hacia nuestra derecha. Hemos decidido buscar comida y alojamiento en Alta Gracia. Sabemos que en este fin de semana largo toda la zona turística de las sierras está congestionada, y para colmo en Villa General Belgrano está la fiesta de la cerveza. Vamos cuesta abajo y apurados por llegar. En un momento, poco después de pasar a los Willys de Ariel y Alberto, sentimos un golpe fuerte en el piso, pero el Trotamundos sigue andando bien. Luis pregunta qué fue. Pienso un segundo, primero se me había ocurrido que podía ser un palier delantero, pero enseguida pienso en el cardan, porque además del ruido había sentido el golpe. -Debe haber sido el cardan delantero. Más adelante, en la banquina estaban parados, Pepe, la Toyota y el Willys de Néstor. Paramos. Me agacho, miro y efectivamente, el cardan delantero no estaba. Solo había quedado la cruceta del lado del diferencial. En la salida de la reductora, solo los yugos de sujeción. Esperamos. Ariel y Alberto habían parado a inflar un poco las gomas. Alberto tenía mucho shimmy en la dirección, producto de la baja presión de los neumáticos (15 libras). Llega el Jeepiño. Rato después, los Willys, y arrancamos de vuelta.

Tomamos la ruta del observatorio, digna de un rally (curvas y contra curvas cerradas, en subida y en bajada). Llegamos a Alta Gracia después de las 22 hs. Buscamos alojamiento, pero no hay. Decidimos ir a la estación de servicio, repostar y seguir. ¿Hacia dónde? No importa, vamos, repostamos, inflamos neumáticos y mientras tanto lo decidimos.

En la estación de servicio se forma fila para inflar neumáticos. Estamos  cansados y empiezan las diferencias de criterios. Algunos quieren ir hacia Córdoba. Otros pensamos que en La Cruz podemos conseguir lugar en la pensión o cabañas. Incluso podemos ir por la ruta 36 y pasar por Río III° a ver si hay lugar. Y ya estamos en camino para el día siguiente, ya que somos varios los que no estamos dispuestos a viajar por la bendita ruta 9. Ale y Gerlando deciden que no pueden seguir, están demasiado cansados y en el mejor de los casos podríamos conseguir alojamiento a unos 100 km. Ellos intentarán conseguir algo en Alta Gracia o rumbearán para Córdoba, que es más cerca y seguro hay lugar. En medio de las deliberaciones, partimos el Jeepiño y el Trotamundos a otra estación de servicio a inflar neumáticos (se hacía larga la espera). En eso estamos cuando Pepe nos avisa por radio que vamos a comer en una parrilla que le habían recomendado, que estaba frente a nosotros. Cruzamos, nos acomodamos en algunas mesas (éramos 15 personas) y le preguntamos a la moza si sabía de algún hotel u hostería que pudiera tener lugares para nosotros. Nos alcanza una tarjeta y Luis B llama. No hay lugar en toda la zona. Está todo lleno. Llamo al hostal donde nos alojamos en Yacanto, pero me dan la misma respuesta. Luis B pide una guía telefónica. Alguien le dice que busque el hotel Velez Sársfield en Río III°. Luis llama. Le responden que tienen 13 lugares y alguna cochera disponible. Faltaba lugar para 2, pero ya nos arreglaríamos. Todos decidimos ir a Río III°. Más tranquilos, pudimos disfrutar del asado. Cary rehusó una excelente brochette de pollo.

Después del postre, muy cansados, mugrientos y con muchísimo sueño, arrancamos nuevamente, pasadas las 0,30 hs. del lunes, a buscar ducha y cama. Cosa de una hora nos demandó llegar al hotel, y media hora más lograr que nos asignaran las habitaciones. Nos hicieron llenar una ficha que me pareció más larga que el oral y escrito de mi última materia (yo solo quiero una habitación para bañarme y dormir).

Ahora si, después de guardar el Trotamundos, lleno la ficha y me dicen: Córdoba, la 8. Cary estaba mirando en la TV el partido Argentina-Perú, ya bañado. A la ducha. El primer chorro de agua caliente en mi pelo hizo correr un poco de barro por el piso. ¡Qué lindo es bañarse después de una travesía, cuando uno tiene el pelo duro y todo el cuerpo lleno de tierra!!! Y a la cama. A ver el partido, pero solo un rato. ¿Qué hora es? Las 3,35.

Y eso es todo. Al día siguiente nos levantamos temprano, repostamos combustibles, completamos nivel de aceite y a la ruta. Viajamos muy bien, y charlando muy a gusto. Contentos con el resultado de la travesía, proyectando futuras aventuras y disfrutando de la amistad.

Gracias a todos mis amigos yiperos, por ser como son, y por ser mis amigos.



Alfredo Córdoba, Octubre de 2005.

(*) Provincia de Córdoba - Republica Argentina

 

 

FOTO 1 : A poco de andar paramos en una linda pampita, pusimos todos los jeeps de trompa al este y les sacaron algunas fotos

 

FOTO 2 : El "Trotamundos" de Alfredo Córdoba

 

FOTO 3:  Pero la trepada volvió a desacomodar la suspensión herida del Jeep de Pepe, y cuando bajamos encontramos al equipo de mecánicos en medio de los trabajos de reparación...

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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